Hemos puesto un molinillo en el balcón. Y no es azaroso haberlo elegido. Tiene un significado, una razón de ser. El molinillo simboliza una actitud ante la vida y eso es por lo que está ahí, en el balcón.
El molinillo es un ejemplo a seguir. No importa en qué dirección sople el viento. Lo aprovecha para girar e irradiar su color al vecindario. A veces pasa mala noche con la brisa de enero y no descansa un momento, pero aún así, en los reveses de la vida, no deja de brillar y reflejar su color.
Es posible que los vecinos intuyan algún niño de pocos años en nuestro piso y por eso miran con cierto misterio cuando nos ven en el balcón. ¿Qué hacen dos adultos con molinillo en el balcón? ¿Dónde está el niño?
Pues ya tienen la respuesta.
