Querida Sara:
Hoy tuve conocimiento de tu
partida. Podrás imaginar el shock. Me he enterado hace unas horas y en mi
cabeza me martillea una frase “No puede ser”.
He recuperado mentalmente nuestra
última conversación por Facebook, allá por julio en el que nos dejamos un
saludo por privado. Y me he sentido idiota, corriendo de un lado a otro, y sin
imaginar siquiera que ese saludo descoordinado era el último que te daría.
Siento no haber tenido la
oportunidad de darte apoyo si lo necesitaste tal vez. Ahora tal vez me reproche
durante un tiempo por qué no te llamé, por qué no pregunté cómo estabas y todas
esas cosas importantes que dejamos pasar
porque el día a día nos come. Al menos estoy seguro y convencido de que tuviste
el apoyo de todo tu entorno, porque todo alrededor tuyo era amor.
Tuve la suerte de conocerte hace años, en el curso de
Coaching y en la primera clase ya vi que eras una persona diferente, eras como
una estrella, o un cometa que iluminaba todo a su paso.Luego conocí de tu amor por la danza, por ayudar a los demás
y sobre todo por tu perra Nica.
Quiero pensar que nos miras desde dondequiera que estés. Y
te sonríes, con esa forma de reír tan genuina, tan andaluza, tan TÚ.
Hoy estoy convencido que los ángeles existen y que el cielo
es cielo porque lo habitas TÚ. Y me aferro a la esperanza de que tiene que
haber algo más allá de la muerte para que de sentido a todo esto, a este andar
por la Tierra y a estas ganas locas de volver a los que ya no están.
Prométeme que desde el cielo nos seguirás regalando tu
sonrisa.
