Anoche te fuiste. Después de 14 años juntos te dormiste para siempre. Te esperaba la cena y tu cuerpo débil en las últimas semanas acabó rindiéndose. No pudiste más. Y tu hijo, Yaky, no hacía más que mirarte y olerte esperando a que despertaras.
Se me ha hecho un nudo el corazón y aunque sé que por fin descansas en el cielo de los perros se me han escapado las lágrimas al envolverte con la manta para llevarte a enterrar.
Nunca te olvidaré. Te agradezco en el alma estos años de amistad fiel y cariño las 24 horas del día. Echaré en falta tu visita temprana en la mañana para que te sacara a la calle.
Quiero pensar que te escaparás del cielo de los perros para ir al de las personas y allí buscarás a mamá para volverte loca jugando con ella como solías hacer. Te imagino disparatada ladrando sin parar cuando la veas, dándo saltitos y arañando su falda para que te coja en brazos. Dile también que aquí abajo no terminamos de acostumbrarnos a estar sin ella.
Disfruta del cielo, mi niña y envía mucha fuerza a tu hijo, a Yaky que desde que esta mañana te llevé a enterrar anda como loco, sollozando, buscándote por toda la casa.
Te querré siempre
5 feb 2015
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