Todos tenemos algo pendiente de hacer desde hace tiempo. Y ello puedo incluir cosas a priori tan "insignificantes" como recoger un trastero o cosas de mayor calado e implicacion como tener esa conversación pendiente con tu jefe, tu compañero o tu pareja.
Sí, todos tenemos algo pendiente de resolver. En un alarde de falta total de proactividad lo hemos dejado ahí, aislado, tamizado con esa frase de autoengaño que ya no engaña a nadie: "Ya lo haré más adelante", creyendo en la ilusión de que el tiempo lo arregla todo, incluso las cosas que dependen de nosotros.
Sin embargo, pese a haberlo dejado en "standby" el cerebro lo trae a nuestro recuerdo, nos lo pone delante y nos castiga a no poder desconectar. Da igual las veces que sea, puede ser una vez al día, a la semana o al mes, pero siempre, lo pendiente siempre vuelve.
Y llega un momento en el que ese recuerdo continuo se convierte en losa, una losa permanente. Y el cerebro lo hace más grande cada vez, se torna un recuerdo cansino.
Puede que la resolución de ese asunto pendiente nos hubiese ocupado un breve espacio de tiempo: 5 minutos si es una conversación o 3 horas si fuese ordenar el trastero, pero lo cierto es que el agotamiento mental nos hace pensar que es mucho más tiempo el que nos demanda la situación. Y todo ello por la fatiga mental que nos genera. Se da entonces esa paradoja maldita: dedicamos más tiempo a pensar en hacer las cosas que en hacerlas.
La solución puede ser fácil. Propónte al menos resolver una cosa pendiente a la semana. Tal vez empieza por lo más sencillo, así te costará menos. O por lo más difícil, y así te motivarás para las siguientes tareas pendientes.
Empieza ya, no dejes que las cosas pendientes ocupen un lugar cada vez mayor en tu mente.Menos pensar y más hacer. Posiblemente este post te haya hecho pensar, ahora toca que hagas.
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