22 feb 2014

No dejes de cantar






Se nota a la legua que es feliz. Por eso tiene la actitud que tiene. O tal vez sea al revés, es feliz por la actitud que tiene. El que es feliz en el trabajo tiene infinitas posibilidades de serlo también luego en el ámbito estrictamente personal. Tengo un ídolo, un ídolo "actitudinal" podríamos decirlo así. Una persona que me maravilla verlo trabajar, el tono de humor y cariño con que hace las cosas. Y sobre todo su sonrisa permanente. Incluso, en un alarde de energía positiva, canta mientras trabaja. Hoy de nuevo me ha gustado verlo. No sé que iba a cocinar, no tengo la menor ídea, pero me lo comería sí o sí. Sonrió a la cámara, hizo un chascarillo con su colaboradora, contó un chiste y empezó a preparar un plato con el carisma y la determinación de las personas felices. Luego, seguí haciendo cosas frente al ordenador, pero dejé la tele de fondo para seguir al menos auditivamente sus evoluciones. Lo oí cantar. Por favor, Karlos Arguiñano, no dejes de cantar.

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