No, no ha sido
fácil emprender, si bien también pienso que la dificultad es algo inherente al
hecho de ser emprendedor Si fuera fácil, seguro y sencillo todo el mundo lo
haría. Así de simple.
Hace años un alumno
de un curso de creación de empresas que impartía en el norte de la isla me sacó los colores en directo. Iba en calidad
de Agente de Empleo y Desarrollo Local de una corporación pública a motivar a
la gente a que creara su propio proyecto empresarial. El título (ahora que lo
pienso retrospectivamente) no era nada original: ¡Emprende Ya!.
Durante las dos
horas que duraba la charla hablaba (totalmente desde la barrera, viendo los
toros de lejos) de las peculiaridades del hecho de emprender, de las ventajas
respecto al trabajo por cuenta ajena, de los trámites a realizar para hacer realidad
tu proyecto empresarial y de las ayudas y subvenciones (cuando las había).
Acabé la intervención
en un punto emotivo: Sí tienes un sueño,
persíguelo. Recuerdo que la charla gustó mucho y así me lo hizo la gente saber
con sus comentarios finales. Pero fue entonces cuando el alumno en cuestión
me hizo la pregunta del millón. La reproduzco literalmente:
“Tu mucho rollito con lo de emprender pero no tienes nada montado, ¿no? ¡Claro!, como tu trabajas en el sector público”
Me mató. Apenas pude
balbucear un escueto comentario: “Hombre, en un futuro me gustaría emprender,
no te digo que no”.
Años después ese
futuro llegó, los proyectos de Agentes
de Empleo y Desarrollo Local tenían toda la pinta de acabar y un buen día, el 8
de mayo de 2012, decidí que mi futuro laboral debía ir en relación a mi
vocación: la formación y el coaching.
Sí, me atreví a dar el salto que preconizaba en
los talleres de creación de empresas. Por primera vez fui el mensaje. Ni que
decir tiene que desde se día de mayo que me dí de alta como autónomo me mata la
ansiedad por encontrarme a aquel alumno de la pregunta inoportuna. O tal vez,
quizás, de la pregunta oportuna.
Ahora desde la
propia experiencia sigo pensando que vale la pena emprender, solo que ahora me
siento más congruente en el mensaje, ya he recorrido el camino. Antes hablaba de ello con cierto
romanticismo, con una visión idílica, con el ensoñamiento del que no tiene que
pagar los 250 euros de autónomo todo los meses. Sigo queriendo a la novia, pero
ahora no solamente desde la ilusión. Ahora veo que la novia a veces ronca,
tiene cuando quiere un carácter insoportable y a veces no la entiendo y me hace
sufrir. Ahora la quiero con el bagaje que da ver lo malo que hay en ello:
sufrir un impago o un retraso en el cobro, pagar el IGIC, el IRPF y todas esas
siglas asesinas que pululan por ahí.
No, no ha sido
fácil, pero créeme si te digo que a pesar de todo el balance es positivo. Ha
sacado de mí recursos que ni por asomo creía que tenía. Me he especializado en
materias formativas que jamás imaginé y creo que ha favorecido una mayor
sensación de confianza en mí. Hay una canción de Pablo López en la que una
parte de letra resuena en mí. “Gané. Perdí. Crecí en la batalla”. A nivel
profesional creo que ha sido un salto cualitativo. Me he preparado más, me he
especializado en nuevas materias y si te soy sincero, te diré que he creado
cursos que jamás pensé que fuera capaz
de crear. Ahora me lo creo y estoy
convencido de que los mejores cursos que
voy a dar no están en aún ni en mi
incosciente.
Claro que no todo
ha sido malo. También han sido frecuente las alegrías: la satisfacción por el
trabajo bien hecho, la sensación experimentada de crecimiento personal y
profesional y sobre todo dedicar en todo momento, cada minuto de tiempo a lo
que me gusta. Eso no tiene precio, es un lujo en toda regla.
También quiero
destacar preocupaciones que te quitas de tu vida: no tener jefe, no temer el
clima laboral y sobre todo, adiós al efecto “Mañana es lunes”.
Te he dicho que me
ha compensado emprender, si bien te digo que ahora mismo no se lo recomendaría
“alegremente” a todo el mundo que lo hiciera. Me atrevo a animarte a hacerlo sólo
sin confluyen en ti estas cualidades:
- Piensas que la seguridad existe tan sólo en el diccionario, en la realidad no.
- Tienes una vocación marcada que ves difícil realizar trabajando para alguien.
- Consideras la independencia y la libertad y la autorrealización como valores necesarios en tu vida.
- Has realizado un estudio de negocio, un plan de empresa y existen “expectativas razonables” de que funcione. Lo de expectativas razonables no me pidas que lo concrete más, es algo subjetivo. Eso sí, si esperas a tener la seguridad total de que tu proyecto funcione te aconsejo urgentemente que no emprendas, sufrirías muchotratando de encontrar esa certeza.
- Vas a ser capaz de entender el “fracaso” como una faceta más de la vida y que eso a pesar de que pueda ser duro no va a impedir que levantes cabeza.
- Y…, ¿por qué no decirlo? Tienes un punto “loco”, “atrevido”, es decir, que no te sometes en todo momento a tu hemisferio izquierdo. De ves en cuando le das vidilla al hemisferio derecho.
Aún así cambiaría
el titulo del curso, ya no sería: ¡Emprende Ya!. Ahora sería algo así como “Piénsatelo bien y mira a ver si tienes
estas cualidades. Y luego, si sientes
que puedes dar el paso, hazlo, pero luego no me digas nada si te va mal, ¿vale?
Bueno, que tengas suerte. Un abrazo.”
Creo que así, con
este título, no me pillaría en absoluto los dedos.
