2 mar 2014

¿Vale la pena emprender?



No, no ha sido fácil emprender, si bien también pienso que la dificultad es algo inherente al hecho de ser emprendedor Si fuera fácil, seguro y sencillo todo el mundo lo haría. Así de simple.

Hace años un alumno de un  curso de creación de empresas que impartía en el norte de la isla me sacó los colores en directo. Iba en calidad de Agente de Empleo y Desarrollo Local de una corporación pública a motivar a la gente a que creara su propio proyecto empresarial. El título (ahora que lo pienso retrospectivamente) no era nada original: ¡Emprende Ya!.

Durante las dos horas que duraba la charla hablaba (totalmente desde la barrera, viendo los toros de lejos) de las peculiaridades del hecho de emprender, de las ventajas respecto al trabajo por cuenta ajena, de los trámites a realizar para hacer realidad tu proyecto empresarial y de las ayudas y subvenciones (cuando las había).

Acabé la intervención  en un punto emotivo: Sí tienes un sueño, persíguelo. Recuerdo que la charla gustó mucho y así me lo hizo la gente saber con sus comentarios finales.  Pero fue entonces cuando el alumno en cuestión me hizo la pregunta del millón. La reproduzco literalmente:

“Tu mucho rollito con lo de emprender pero no tienes nada  montado, ¿no? ¡Claro!, como tu trabajas en el sector público”

Me mató. Apenas pude balbucear un escueto comentario: “Hombre, en un futuro me gustaría emprender, no te digo que no”.

Años después ese futuro llegó,  los proyectos de Agentes de Empleo y Desarrollo Local tenían toda la pinta de acabar y un buen día, el 8 de mayo de 2012, decidí que mi futuro laboral debía ir en relación a mi vocación: la formación y el coaching.

Sí,  me atreví a dar el salto que preconizaba en los talleres de creación de empresas. Por primera vez fui el mensaje. Ni que decir tiene que desde se día de mayo que me dí de alta como autónomo me mata la ansiedad por encontrarme a aquel alumno de la pregunta inoportuna. O tal vez, quizás, de la pregunta oportuna.

Ahora desde la propia experiencia sigo pensando que vale la pena emprender, solo que ahora me siento más congruente en el mensaje, ya he recorrido el camino. Antes hablaba de ello con cierto romanticismo, con una visión idílica, con el ensoñamiento del que no tiene que pagar los 250 euros de autónomo todo los meses. Sigo queriendo a la novia, pero ahora no solamente desde la ilusión. Ahora veo que la novia a veces ronca, tiene cuando quiere un carácter insoportable y a veces no la entiendo y me hace sufrir. Ahora la quiero con el bagaje que da ver lo malo que hay en ello: sufrir un impago o un retraso en el cobro, pagar el IGIC, el IRPF y todas esas siglas asesinas que pululan por ahí.

No, no ha sido fácil, pero créeme si te digo que a pesar de todo el balance es positivo. Ha sacado de mí recursos que ni por asomo creía que tenía. Me he especializado en materias formativas que jamás imaginé y creo que ha favorecido una mayor sensación de confianza en mí. Hay una canción de Pablo López en la que una parte de letra resuena en mí. “Gané. Perdí. Crecí en la batalla”. A nivel profesional creo que ha sido un salto cualitativo. Me he preparado más, me he especializado en nuevas materias y si te soy sincero, te diré que he creado cursos  que jamás pensé que fuera capaz de crear. Ahora me lo creo y  estoy convencido de  que los mejores cursos que voy a dar no están en aún ni en mi incosciente.

Claro que no todo ha sido malo. También han sido frecuente las alegrías: la satisfacción por el trabajo bien hecho, la sensación experimentada de crecimiento personal y profesional y sobre todo dedicar en todo momento, cada minuto de tiempo a lo que me gusta. Eso no tiene precio, es un lujo en toda regla.
También quiero destacar preocupaciones que te quitas de tu vida: no tener jefe, no temer el clima laboral y sobre todo, adiós al efecto “Mañana es lunes”.

Te he dicho que me ha compensado emprender, si bien te digo que ahora mismo no se lo recomendaría “alegremente” a todo el mundo que lo hiciera. Me atrevo a animarte a hacerlo sólo sin confluyen en ti estas cualidades:
  •     Piensas que la seguridad existe tan sólo en el diccionario, en la realidad no.
  •    Tienes una vocación marcada que ves difícil realizar trabajando para alguien.
  •    Consideras la independencia y la libertad  y la autorrealización como valores necesarios en tu vida.
  •     Has realizado un estudio de negocio, un plan de empresa y existen “expectativas razonables” de que funcione. Lo de expectativas razonables no me pidas que lo concrete más, es algo subjetivo. Eso sí, si esperas a tener la seguridad total de que tu proyecto funcione te aconsejo urgentemente que no emprendas, sufrirías muchotratando de encontrar esa certeza.
  •    Vas a ser capaz de entender el “fracaso” como una faceta más de la vida y que eso a pesar de que pueda ser duro no va a impedir que levantes cabeza.
  •  Y…, ¿por qué no decirlo? Tienes un punto “loco”, “atrevido”, es decir, que no te sometes en todo momento  a tu hemisferio izquierdo. De ves en cuando le das vidilla al hemisferio derecho.

Aún así cambiaría el titulo del curso, ya no sería: ¡Emprende Ya!. Ahora sería algo así como “Piénsatelo bien y mira a ver si tienes estas cualidades. Y luego,  si sientes que puedes dar el paso, hazlo, pero luego no me digas nada si te va mal, ¿vale? Bueno, que tengas suerte. Un abrazo.”

Creo que así, con este título, no me pillaría en absoluto los dedos.
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