17 ago. 2018

Camilando por la vida: Celebrando un año





No sé como ha ocurrido pero ya ha pasado un año que llegaste a nuestras vidas para revolucionarlo todo, para teñir las mañanas del color de tu sonrisa y para hacer que la vida sea aún más maravillosa.

Nunca te lo había dicho pero me tembló todo cuando te cogí en brazos por primera vez. Era una mezcla de alegría, de felicidad y de un desconocido hasta ese entonces sentimiento de responsabilidad. 

Comprendí y sentí que desde ese momento y hasta el fin de mis días serías mi gran prioridad.

No pido más a la vida. Para mí no hay mayor regalo que ver que me sonríes cada vez que llego a casa. Sí, porque es una enorme suerte saber que pase lo que haya pasado durante el día siempre encontraré al llegar esa sonrisa pícara salteada por unos dientes que empiezan a asomar.

Tan solo quiero seguir disfrutando de la cotidianeidad de las pequeñas cosas que me hacen feliz: ver tus evoluciones aguantando cada vez más tiempo de pie, el apetito voraz con que comes lo que mamá te prepara con mil amores y auténtica dedicación y la maravilla de verte cada día al despertar de pie en la cuna, apoyada en una esquina y saltando como un boxeador que está impaciente por luchar.

Celebro todo en mi vida: tus conversaciones caóticas, tu pelo rebelde, las veces que tiras la chupa al suelo,  Bingo y Rolly (una misión tenemos...) y Vampirina ( ouohhh, soy diferente al sonreir...), la madre que te parió, el peligro de tus aproximaciones al mueble del televisor y un millón de cosas más.

Pero hay algo que sobre todas las cosas me hace feliz y que tengo la fortuna de vivir a diario. Y es ese mágico tránsito que hago cada noche para llevarte del sofá a tu cuna. Apenas dura 12 segundos, pero ¡qué maravillosos 12 segundos! Simplemente no tiene precio. Brindo por ese instante en que totalmente dormida apoyas tu cabeza en mi pecho y pareces confiar absolutamente en mí, en donde te quiera llevar. Una entrega con los ojos cerrados que espero poder vivir muchos años, el tiempo que pueda sostenerte en brazos.

Y a veces, no lo niego, me da un ataque de egoísmo y por momentos me gustaría darte un jarabe o ponerte una vacuna para que te quedaras así, con ese tamaño y con esa edad para toda la vida.





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1 comentarios:

Monica Plasencia dijo... at 14:40

Ella siempre confiará en que tus brazos serán los más confiables y que eres esa mezcla de príncipe y super héroe en el que siempre puede confiar aunque luego quiera una moto y una música que no te agrade felicidades

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