19 mar. 2018

Camilando por la vida: La aventura de ser padre (1ª parte)





Hoy es un día extraño, muy raro. Por un lado se cumplen seis años exactos que mi madre no está con nosotros y por otro lado es el primer día que celebro el Día del Padre. Pareciera que el destino hubiera querido compensarme de alguna manera por esa pérdida irreparable que acuso a diario.

Desde hace mucho tiempo, casi desde que nació Camila quería escribir alguna reflexión sobre el hecho de ser padre. Sí, pero era mucha información la que se agolpaba en la cabeza, me sentía saturado y decidía posponerlo. Hoy ya no tengo excusas para hacerlo y aunque sea en varias entregas (como si fuera una colección de fascículos de los que coleccionaba en mi infancia) lo haré. Sí, lo haré porque en el fondo me servirá de catarsis liberadora y porque tal vez desde mi humilde punto de vista pueda ayudar a alguien.

Sí, ser padre no es cualquier cosa. Ser padre es por decirlo así la gran cosa. Implica una responsabilidad de por vida y es una condición que te acompañará para siempre. Por todo lo que implica en tu vida en cuanto a cambios y por el hecho de traer al mundo a una persona que depende totalmente de ti y de la mamá conviene reflexionar mucho, muchísimo la decisión de ser padre o madre.

Antes que nada conviene poner cada cosa en su sitio. Yo ya era feliz antes de tener a mi hija. No estoy de acuerdo para nada con esa visión excesivamente tremendista que escucho a menudo que distingue entre antes y después de ser padres como si la vida antes de serlo  careciera ahora de significado. En parte es igual a la visión limitada de la media naranja en el amor pero esta vez aplicada a los hijos. Me da miedo esa forma de pensar porque de ahí nacerá seguro un apego tremendo e insano a los hijos.

En mi caso me encantaba mi vida antes de tener a Camila y en esencia sigo siendo el mismo después del 17 de agosto. Han cambiado mis puntos de vista en algunas cosas, es verdad, pero no he sufrido una transformación vital como para decir que soy otra persona. Soy el mismo de siempre más la maravillosa incorporación de Camila a mi vida.

He querido sintetizar varios principios o consejos que he conformado fruto de mi incipiente experiencia por si te sirven de ayuda en tu próxima maternidad/paternidad:

- Todo pasa: Sí, es de las pocas cosas que considero verdades absolutas en mi vida. Los primeros días y meses son una locura tremenda. Poco descanso, poco sueño, intensidad de los llantos y parece que nunca va a acabar. Si hay algo que no podemos detener es el tiempo y en el fondo juega a tu favor. Y no hace falta esperar 18 años. Unas dificultades se van y otras vienen. En nuestro caso ya se fueron las noches en vela. Sí, lo sé es una gran suerte que duerma ahora doce horas y ahora viene la dificultad de controlarla cuando está en fase de comenzar casi a gatear.

- Todo el mundo es pediatra: Sí, es la gran máxima que aprendí. Tus seres queridos se acercarán para ayudarte con la mejor intención pero sin querer llegarán a agobiarte. Te asombrarás de la cantidad de consejos que te dan por minuto de forma compulsiva y desordenada. Tal vez quede mal decirlo, pero hay que hacerlo: dan el coñazo. Date el permiso para aprender y equivocarte. Es un aprendizaje continuo y nadie nació aprendido. Agradece los consejos pero acuerda con tu pareja hacer los que le de la gana a ustedes dos que al fin y al cabo son los verdaderos educadores. La verdadera crianza y educación comienza cuando se van, cierras la puerta de casa y se quedan ustedes tres.

- La proyección de miedos: va relacionado con el punto anterior. Una gran parte de los consejos que te darán reflejará una proyección de miedos por parte de la "persona consejera". Como si la vida del bebé peligrara en cada momento.  Cuida al bebé por supuesto, pero confía en que la vida sabe abrirse camino y en que al final las cosas salen. Que el mundo no es lugar lleno de peligros, que no hay nadie acechándote para hacerte mal. Te llenarán la cabeza con el mal de ojo, que si algo rojo para alejarlo y salvar al bebé. Cuidado porque tal vez comienzas a transmitir al bebé una creencia maligna del mundo (y eso que no hecho más que nacer) y comienzas a preparar el caldo de cultivo para inocularle cierta "indefensión aprendida", para que crea que hay muchísimos peligros en la vida en lo que no podemos hacer prácticamente nada sino rezar o abrazarnos a la superstición. Es imperdonable que transmitas tus miedos y tu amargura vital al bebé. Si son tus paranoias súfrelas tú. El bebé no se las merece. No le estés jodiendo la vida tan pronto.

- La alegría de las pequeñas cosas: Descubrirás mil detalles que te emocionarán en el día a día. Ahora, cobrará un sentido único la salud de tu bebé y tu mayor alegría es que el pediatra te diga que todo está bien. Encontrarás una alegría tremenda en estas cuatro palabras. El bebé está perfecto.

Y si hay algo que te removerá por dentro será su sonrisa, que te mire y te dedique una sonrisa no tendrá precio. Te arreglará un mal día en un momento y te tocará en el fondo del corazón. Será algo nuevo e inimaginable en tu vida. En concreto su primera sonrisa del día nada más despertarse te dará una fuerza y una energía increíble. Alucinante. Ríete del Cola Cao.




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